Cuando me levanté esa mañana, pensé que aquel día sería más o menos igual que el resto, siguiendo la rutina eterna de todas las semanas. Aunque algo aparentemente sin importancia lo iba a cambiar todo.
En general, en la hora y media que tengo de receso laboral al mediodía, me dedico a caminar un poco por las concurridas calles del centro de la ciudad. Ese día, mientras paseaba sin rumbo, vi como a un hombre mayor se le caía algo del bolsillo. Me acerque y levanté el objeto, pero cuando busqué al viejo ya había desaparecido en el océano de gente que invadía diariamente el centro.
El objeto que tenía en mi mano era una llave de forma aparentemente ordinaria, pero el material tenía un dejo de color verdoso que no encajaba exactamente en una llave normal. Una persona me chocó al pasar y, luego de pedirme disculpas, siguió su camino. Yo, fuera ya de mi estupor, guardé la llave en mi bolsillo derecho y continué caminando mientras imaginaba que puerta abriría aquella llave.
Al volver a la oficina encontré un mensaje de uno de mis clientes más importantes, por lo cual, el resto del día fue agotador y no volví a reparar en la llave hasta que estaba a pocos metros de mi casa cuando, buscando instintivamente mis llaves en el bolsillo derecho, mi mano se topó con aquel extraño objeto que había encontrado al mediodía. Agotado como estaba por un día largo, no me percaté de mi equivocación e introduje la llave en la puerta, la cual destrabó la cerradura como si todo fuese normal. Pero cuando la puerta se abrió... oh Dios, puedo asegurar que el lugar que vi no era el hall de entrada de donde vivía. Del otro lado de la puerta había unas oscuras escaleras que, a escasos metros, descendían girando levemente hacia la izquierda. De pronto, un olor nauseabundo comenzó a subir desde aquellas abominables profundidades. Instintivamente cerré la puerta de mi casa y fue en ese momento que vi la llave que estaba colocada en la cerradura. Busqué en mi bolsillo mi verdadera llave, cuando la tuve finalmente entre mis dedos noté como mi mano temblaba sutilmente. Juntando coraje quité aquella llave verdosa e introduje la correcta, la cual hice girar dos veces hacia la izquierda. Conteniendo la respiración abrí nuevamente la puerta y gracias a Dios... el hall de mi casa se encontraba exactamente como lo recordaba.
Momentos después atribuí aquella ilusión al cansancio acumulado, el stress y seguramente a alguna película de terror que vi medio dormido en los días anteriores. Pero esa noche, cuando me fui a acostar invadieron mis sueños imágenes de cuevas ciclópeas donde criaturas con escamas como piel, horribles ojos que brillaban en la oscuridad y garras en lugar de dedos deambulaban por todos lados. Al despertar consideré seriamente dejar de ver aquellas películas ya que, evidentemente me encontraba muy susceptible a los estímulos externos.
Pero nada de lo que hiciera parecía servir de algo. Cada noche, las pesadillas de aquel lugar endemoniado volvían una y otra vez. Quien quiera que manejaba aquellos sueños me hacía observar contra mi voluntad como raptaban personas de la seguridad de su casa, arrastrándolas por aquellos escalones verdosos que descendían en espiral hasta las profundidades. Y una vez que estaban allí, varios de aquellos abominables seres comían del banquete aún vivo.
Una noche, presencié el secuestro de una mujer rubia, arrancada de su propia cama mientras dormía y era llevada hacia la puerta antes de que se entere que estaba sucediendo. Le hicieron lo mismo que le habían hecho a las anteriores. Pero al despertar, completamente sudado, me encontraba aún presa del pánico. No podía borrar de mi mente el rostro de aquella mujer y sabía bien porque: era mi ex mujer.
Aunque eran las cinco de la mañana llamé a su teléfono, nadie contestó. Empecé a discar el 911 pero me detuve después del segundo dígito ¿Que les iba a decir? ¿Que mi ex mujer había sido secuestrada por seres del inframundo del cual era testigo en sueños? Un escalofrío recorrió mi espalda. Me vestí rápidamente y fui hasta su casa, por suerte nos habíamos separado en buenos términos y aún conservaba una copia de la llave de su departamento. Entré llamando su nombre, prendiendo todas las luces a medida que avanzaba pero al llegar a su cuarto tuve que tomarme del marco de la puerta: su cama estaba deshecha y las sábanas habían sido arrastradas hacia la dirección del placard.
Me acerqué lentamente hacia la puerta que había sido usada por las criaturas, giré la manija y lentamente la abrí, pero sólo encontré ropa prolijamente acomodada. Cerré la puerta de un fuerte golpe y comencé a caminar en círculos. En un movimiento brusco que realicé algo golpeó mi pierna. En ese momento recordé que todavía tenía la llave verdosa que había encontrado días atrás. Quizás todavía no era muy tarde, aunque yo había visto como era devorada por aquellos monstruos horribles. Tome la llave y la introduje en la cerradura del placard, giró sin ofrecer resistencia y al abrir me encontré nuevamente con aquellas oscuras escaleras que descendían girando levemente hacia la izquierda. No había dado el primer paso cuando aquel olor nauseabundo, proveniente de aquellas profundidades, me golpeó los sentidos. Recuperado, me tapé la boca y nariz con la remera y continué mi descenso hacia los abismos.
No sé cuanto tiempo estuve bajando escalones, pero esta escalera no era la que recordaba del sueño. Las paredes eran distintas, las curvas no eran iguales... ¿Podría ser que cada llave abra una puerta distinta de ese horrible lugar? Intenté sacar aquellas preguntas de mi mente y concentrarme en no ser atrapado.
Cuando, finalmente, llegué a donde sea que terminaba aquella escalera pude oír unas voces hacia mi derecha. Lentamente y con cuidado me acerqué. Ahí estaba ella, todavía viva, presa de esas criaturas abominables.
- Por favor, venga. Lo estábamos esperando.
No sé de donde provino aquella voz, pero todas las criaturas giraron hacia donde estaba escondido y puede ver, al otro lado del grupo, al hombre mayor del cual había tomado mi llave. El viejo sonreía y con su mano derecha me indicaba que me acercara.
Aún dudando salí de mi escondite. Mi ex mujer estaba desmayada, seguramente ante la impresión de haber visto a esos horrores con escamas.
- Esta es su iniciación -indicó señalándola- dé el primer bocado y sea uno con nosotros.
- ¿Y porque querría ser uno con ustedes? -Respondí intentando que no se note el terror que sentía.
- Muy bien -Dijo el viejo sin dejar de sonreír.
Antes de que pueda reaccionar esas criaturas horribles me apresaron, quitándome la llave de mi bolsillo. Poco tiempo después perdí el conocimiento.
Cuando desperté estaba muy aturdido, mis ojos no podían hacer foco y mi cabeza me dolía increíblemente. Escuché unos gritos ahogados no muy lejos, luego un fuerte ruido y una multitud de pisadas acercándose. Presa del terror grité agitando mis brazos hacia lo que no podía ver. Segundos después, varios brazos me tomaron y me empujaron contra una pared. Escuchaba voces pero no podía entender lo que me decían.
Pasaron algunos minutos y finalmente, cuando pode tomar nuevamente el control de mi cuerpo, vi que estaba en el cuarto de mi ex esposa. En el suelo, sobre un charco de su propia sangre y con el torso abierto en dos yacían sus restos. El lugar estaba lleno de policías que iban y venían, tomaban muestras, fotos o simplemente miraban la macabra escena. Yo estaba esposado en el rincón más alejado, custodiado por dos oficiales.
Hoy estoy en una celda aislado, esperando mi juicio por el asesinato de mi ex esposa. Mi abogado me preguntó varias veces que había pasado, pero no pude contarle la verdad, jamás me hubiera creído. No tengo forma de probar que mis experiencias fueron reales... mierda, ni yo lo termino de creer enteramente.
Sólo puedo decirles, que cada vez que oigo una puerta abrirse, rezo por no sentir aquel olor putrefacto provenientes de los abismos, donde criaturas de ojos que brillan en la oscuridad esperan por venir a buscarme.
Nicolás Lasaïgues
Cuentos largos, cuentos cortos. Quizás algún que otro guión... Catarsis de una mente que intenta ser feliz.
lunes 23 de enero de 2012
jueves 20 de octubre de 2011
Un vestido
La puerta de la habitación se abrió silenciosamente. Sabía que no estaba bien entrar a hurtadillas en la habitación de su hijo, pero tenía motivos suficientes para hacerlo.
Franco, así había llamado a su primogénito, tenía ya casi treinta años; ya había entrado y salido de reformatorios, comisarías y alguna que otra cárcel en los últimos quince años.
Pero nos estamos adelantando, para entender bien los motivos de este padre, debemos remontarnos poco más de dos meses atrás, cuando la pequeña ciudad de tan sólo doce mil habitantes era titular en todos los noticieros nacionales y no justamente porque eran la capital provincial de la mariposa monarca.
Hacía tres meses que varios niños de entre ocho y doce años estaban desapareciendo. La policía poco entrenada por estos lugares, no tenía pistas firmes (o directamente no tenían pistas) por lo cual tuvieron que solicitar asistencia a la Capital Federal. Menos de una semana después, una camioneta con tres agentes especiales había llegado... más otras tres camionetas con antenas satelitales para transmitir en vivo y en directo cualquier hecho aterrador.
Los medios de comunicación se retiraron al cabo de sesenta días, cuando los nuevos agentes de la ley no pudieron descubrir nada y otra noticia comenzó a acaparar los escasos minutos televisivos.
Pero todo cambió dos días después, cuando en una gruta de difícil acceso, se encontraron zapatos y algunas prendas pertenecientes a los niños desaparecidos.
Franco no era un ejemplo a seguir, ni como hijo ni como ciudadano, solamente había tomado malas decisiones en su vida. Una de ellas fue involucrase con una niña de, según él, quince años la cual le hizo ganador de una temporada tras las rejas. El padre de Franco sabía que a los primeros que investigarían, si es que no lo habían hecho ya, era a las personas que tenían antecedentes.
Esa era el motivo por el cual estaba entrando a hurtadillas a la habitación de su hijo.
Revisó debajo de la cama, en el placar, en el escritorio y en el baúl que había a los pies de la cama sin hallar nada. No había encontrado absolutamente nada. Resignado dejaba la habitación, pero cuando estaba a punto de cruzar el umbral se detuvo en seco. Retrocedió sobre sus propios pasos y notó, para su sorpresa, que cerca de la cama había una tabla del piso que sonaba diferente cuando se paraba sobre ella. Con ayuda de un cuchillo que siempre llevaba encima logró levantar la tabla y con horror descubrió el botín de su hijo: Un vestido de niña.
Cuando Franco volvió a su casa después del trabajo, encontró a su padre sentado en el sillón tomando un vaso de whisky. Dejando el vaso medio vacío sobre una mesa cercana, su padre lo enfrentó y después de una acalorada discusión Franco terminó admitiendo que fue él el que guardo el vestido ahí. Su padre le lanzó el vaso que tenía pero Franco logró esquivarlo, aunque no se esperaba que llegara a continuación la trompada que lo tumbó al piso. Se levantó más rápido de lo que su padre esperaba y tomando un adorno que estaba sobre la biblioteca le dio un terrible golpe en la cabeza a su padre que cayó desmayado. Franco tiró el adorno ensangrentado hacia un rincón, miró el cuerpo inerte de su padre en el piso y lo escupió.
Con pasos lentos caminó hacia el baño y se mojó la cara. Observó que la trompada le quebró la nariz otra vez. Cada trompada que su padre la había dado a través de los años tenía siempre el mismo resultado. Tomó la toalla y cuidadosamente se secó, salió del baño y un ruido ensordecedor fue lo último que escuchó antes de caer muerto sobre la alfombra. En la sala, su padre bajó la escopeta de doble caño que aún humeaba. Se sentó abatido en su sillón y, después de tomar el teléfono, llamó a la policía.
No habían pasado ni cinco minutos cuando todos estaban ahí. La ambulancia se llevó el cadáver de Franco envuelto en una bolsa negra y su padre, después de admitir haberlo matado, fue llevado por las autoridades.
Al día siguiente fue la segunda vez que la ciudad aparecía en los titulares a nivel nacional, el asunto de los niños desaparecidos se estaba esclareciendo. El padre de franco fue sentenciado, aunque el juez fue benigno a la hora de dictar la pena dadas las circunstancias.
Tres días después todo volvió a la normalidad en la pequeña metrópolis.
Once años pasaron hasta que el padre de Franco pudo volver a su casa. La encontró abandonada, terriblemente venida abajo y casi inhabitable. Poco a poco la fue reparando, hasta que un par de meses después, ya parecía una vivienda nuevamente.
Con aire cansado, fue a su cuarto y abrió las puertas del placard de par en par, corrió la ropa colgada y accionó la traba oculta en la pared posterior. Un ligero “click” se escuchó mientras una ligera sonrisa se formó en su boca. La puerta-trampa no ofreció resistencia cuando la empujó. Adentro, el olor a humedad era fuerte pero no le importó, ya que sus trofeos estuvieron bien cuidados en bolsas transparentes bien selladas. Trece vestidos pequeños, trece premios que pudieron haber sido catorce si el idota de su hijo no hubiera encontrado el más reciente y robado para sus inmundas perversiones.
Pero ya nada de eso importaba, acarició sus trofeos lentamente, con satisfacción.
Estaba en casa otra vez.
Franco, así había llamado a su primogénito, tenía ya casi treinta años; ya había entrado y salido de reformatorios, comisarías y alguna que otra cárcel en los últimos quince años.
Pero nos estamos adelantando, para entender bien los motivos de este padre, debemos remontarnos poco más de dos meses atrás, cuando la pequeña ciudad de tan sólo doce mil habitantes era titular en todos los noticieros nacionales y no justamente porque eran la capital provincial de la mariposa monarca.
Hacía tres meses que varios niños de entre ocho y doce años estaban desapareciendo. La policía poco entrenada por estos lugares, no tenía pistas firmes (o directamente no tenían pistas) por lo cual tuvieron que solicitar asistencia a la Capital Federal. Menos de una semana después, una camioneta con tres agentes especiales había llegado... más otras tres camionetas con antenas satelitales para transmitir en vivo y en directo cualquier hecho aterrador.
Los medios de comunicación se retiraron al cabo de sesenta días, cuando los nuevos agentes de la ley no pudieron descubrir nada y otra noticia comenzó a acaparar los escasos minutos televisivos.
Pero todo cambió dos días después, cuando en una gruta de difícil acceso, se encontraron zapatos y algunas prendas pertenecientes a los niños desaparecidos.
Franco no era un ejemplo a seguir, ni como hijo ni como ciudadano, solamente había tomado malas decisiones en su vida. Una de ellas fue involucrase con una niña de, según él, quince años la cual le hizo ganador de una temporada tras las rejas. El padre de Franco sabía que a los primeros que investigarían, si es que no lo habían hecho ya, era a las personas que tenían antecedentes.
Esa era el motivo por el cual estaba entrando a hurtadillas a la habitación de su hijo.
Revisó debajo de la cama, en el placar, en el escritorio y en el baúl que había a los pies de la cama sin hallar nada. No había encontrado absolutamente nada. Resignado dejaba la habitación, pero cuando estaba a punto de cruzar el umbral se detuvo en seco. Retrocedió sobre sus propios pasos y notó, para su sorpresa, que cerca de la cama había una tabla del piso que sonaba diferente cuando se paraba sobre ella. Con ayuda de un cuchillo que siempre llevaba encima logró levantar la tabla y con horror descubrió el botín de su hijo: Un vestido de niña.
Cuando Franco volvió a su casa después del trabajo, encontró a su padre sentado en el sillón tomando un vaso de whisky. Dejando el vaso medio vacío sobre una mesa cercana, su padre lo enfrentó y después de una acalorada discusión Franco terminó admitiendo que fue él el que guardo el vestido ahí. Su padre le lanzó el vaso que tenía pero Franco logró esquivarlo, aunque no se esperaba que llegara a continuación la trompada que lo tumbó al piso. Se levantó más rápido de lo que su padre esperaba y tomando un adorno que estaba sobre la biblioteca le dio un terrible golpe en la cabeza a su padre que cayó desmayado. Franco tiró el adorno ensangrentado hacia un rincón, miró el cuerpo inerte de su padre en el piso y lo escupió.
Con pasos lentos caminó hacia el baño y se mojó la cara. Observó que la trompada le quebró la nariz otra vez. Cada trompada que su padre la había dado a través de los años tenía siempre el mismo resultado. Tomó la toalla y cuidadosamente se secó, salió del baño y un ruido ensordecedor fue lo último que escuchó antes de caer muerto sobre la alfombra. En la sala, su padre bajó la escopeta de doble caño que aún humeaba. Se sentó abatido en su sillón y, después de tomar el teléfono, llamó a la policía.
No habían pasado ni cinco minutos cuando todos estaban ahí. La ambulancia se llevó el cadáver de Franco envuelto en una bolsa negra y su padre, después de admitir haberlo matado, fue llevado por las autoridades.
Al día siguiente fue la segunda vez que la ciudad aparecía en los titulares a nivel nacional, el asunto de los niños desaparecidos se estaba esclareciendo. El padre de franco fue sentenciado, aunque el juez fue benigno a la hora de dictar la pena dadas las circunstancias.
Tres días después todo volvió a la normalidad en la pequeña metrópolis.
Once años pasaron hasta que el padre de Franco pudo volver a su casa. La encontró abandonada, terriblemente venida abajo y casi inhabitable. Poco a poco la fue reparando, hasta que un par de meses después, ya parecía una vivienda nuevamente.
Con aire cansado, fue a su cuarto y abrió las puertas del placard de par en par, corrió la ropa colgada y accionó la traba oculta en la pared posterior. Un ligero “click” se escuchó mientras una ligera sonrisa se formó en su boca. La puerta-trampa no ofreció resistencia cuando la empujó. Adentro, el olor a humedad era fuerte pero no le importó, ya que sus trofeos estuvieron bien cuidados en bolsas transparentes bien selladas. Trece vestidos pequeños, trece premios que pudieron haber sido catorce si el idota de su hijo no hubiera encontrado el más reciente y robado para sus inmundas perversiones.
Pero ya nada de eso importaba, acarició sus trofeos lentamente, con satisfacción.
Estaba en casa otra vez.
sábado 17 de septiembre de 2011
Recorriendo el Laberinto
Bueno, ya para el que lo desee puede leer el libro “Recorriendo el Laberinto” online. O si lo desea se lo puede descargar en formato PDF.
El link es el mismo de siempre, el que está acá al costadito.
Obviamente, para el que quiera tenerlo en sus manos a la vieja usanza (o sea, en papel impreso, con tapa a color y todo) lo puede pedir en la misma página.
Todo está bajo una licencia de Creative Commons “Atribución-NoComercial-CompartirIgual” como de costumbre.
El link es el mismo de siempre, el que está acá al costadito.
Obviamente, para el que quiera tenerlo en sus manos a la vieja usanza (o sea, en papel impreso, con tapa a color y todo) lo puede pedir en la misma página.
Todo está bajo una licencia de Creative Commons “Atribución-NoComercial-CompartirIgual” como de costumbre.
viernes 9 de septiembre de 2011
¡Finalista!
Ayer la gente De los cuatro vientos me informó que soy finalista en el “XXV Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve”.
De 650 participantes del concurso, se eligieron por cada género a los 90 autores meritorios y se va a publicar una antología “Continuidad de las voces 2011”. La misma contará con más de 400 páginas, tapa a todo color, solapa, encuadernación cosida, trámite de ISBN y una tirada de 2000 ejemplares ¡Faaaaaaaaaaaaa!
El 16 de diciembre se hará la correspondiente entrega de premios, la publicación de la antología y, obviamente, dicen quien se lleva el premio mayor (Una edición de un libro particular)... veremos que tan bien nos va. Igualmente el hecho de ya estar en la final es emocionante!
En agradecimiento a mis dos seguidores, les informo que ya son dueños de una copia de dicha antología :D
Ah! Me olvidaba de algo importante: El cuento que está concursando es La Puerta! (La primera entrada de este blog)
De 650 participantes del concurso, se eligieron por cada género a los 90 autores meritorios y se va a publicar una antología “Continuidad de las voces 2011”. La misma contará con más de 400 páginas, tapa a todo color, solapa, encuadernación cosida, trámite de ISBN y una tirada de 2000 ejemplares ¡Faaaaaaaaaaaaa!
El 16 de diciembre se hará la correspondiente entrega de premios, la publicación de la antología y, obviamente, dicen quien se lleva el premio mayor (Una edición de un libro particular)... veremos que tan bien nos va. Igualmente el hecho de ya estar en la final es emocionante!
En agradecimiento a mis dos seguidores, les informo que ya son dueños de una copia de dicha antología :D
Ah! Me olvidaba de algo importante: El cuento que está concursando es La Puerta! (La primera entrada de este blog)
jueves 18 de agosto de 2011
Capítulo I
Hace ya unos meses que no subo nada. Así que para contrarrestar eso dejo el primer capítulo de una novela que estoy intentando escribir.
Por el momento no tiene título, veremos como sigue.
--------------------------------------------------------------------------------------
Cuando las puertas se abrieron lo último que Maximiliano se esperaba encontrar era lo que efectivamente tenía delante: un enorme cuarto lleno de gente con computadoras.
− ¡Wow! −Si lo que dijo no era suficiente para expresar lo que pensaba, sus ojos decían muchas más cosas.
− Así es doctor, nuestros fondos son superiores de lo que la mayoría supone.
− Si, realmente esperaba encontrarme con un cuartito perdido en algún sótano, y dos o tres geeks con anteojos.
Al decir esto automáticamente se acomoda los lentes sobre la nariz. El General López ríe para sus adentros al notarlo.
− Bueno, antes que nada iremos a ver a la máxima autoridad aquí abajo.
La sala a la que habían entrado era sólo una de una serie de salas que se extendían en una red subterránea. Por encima de ellas una construcción por la cual pasan diariamente millones de ciudadanos: un enorme tanque gris que antiguamente servía como depósito de gas que está entre las Avenidas General Paz y Avenida Constituyentes.
A su lado, la fachada perfecta: El centro atómico Constituyentes.
Maximiliano Pérez había sido seleccionado directamente del Instituto Balseiro por sus calificaciones y su perfil psicológico.
Después de recorrer varios pisos llegaron a una gran puerta de roble trabajada exquisitamente con unos detalles que lograban conmover al corazón más duro.
− Su Señoría, el nuevo investigador ha llegado −El General López dice estas palabras con una solemnidad que asombra a su acompañante.
Maximiliano tarda en salir del estupor del general para encontrarse efectivamente a un hombre de pelo cano con sotana delante de un gran escritorio trabajado de una manera que hacía quedar a la puerta de entrada como un objeto de segunda clase.
− Bienvenido señor… Pérez ¿No es verdad? −El Arzobispo lee de una hoja sin mirarlo a los ojos.
−Efectivamente su… Señoría.
El hombre de pelo cano y ojos cansados levanta la mirada hacia aquel mocoso imprudente.
− ¿Es usted católico, joven?
Tras pensar algunos segundos en las posibles consecuencias de su respuesta, finalmente decide por responder con la verdad y que sea lo que sea − “No, su Señoría”
− ¿Y significa un problema para usted trabajar para una institución religiosa?
− Para nada su Señoría.
− Mientras piense así, no creo que tengamos problemas. Si bien la Iglesia está interesada en esta investigación, nuestros fines justifican los medios. Aunque esos medios no siempre tengan una ideología paralela a la nuestra, son sólo medios, herramientas para un fin que nos beneficie.
− Mientras que después no hagan una inquisición con aquellos que ayudaron… −La mirada del Arzobispo se tiñó de furia y en ese momento Maximiliano cayó en la cuenta que lo que dijo no era tan gracioso como le había sonado en su mente− Le pido disculpas por lo que he dicho, no fue mi intención ofenderlo.
− Jovencito, no espero mucha fe de parte de los de su clase, pero al menos espero que traten con respecto a una institución que lleva más de dos mil años buscando la forma de salvar las almas de los hombres.
− Nuevamente le pido disculpas su Señoría.
El Arzobispo se da vuelta en mitad de la frase y apenas termina responde con un “Gracias, eso es todo”. El General López retira al estudiante del recinto y lo lleva a lo que será su lugar de trabajo.
− ¿Qué es exactamente lo que se estudia acá?
− Básicamente física quántica, contamos incluso con un acelerador de partículas modesto.
− ¿Y que tiene que ver la Iglesia en todo esto?
−Tienen sus intereses −Ante la mirada de Maximiliano el General decide no jugar más con él− Como usted sabe, la Biblia afirma que hay un cielo y un infierno donde las almas de todos los hombres, creyentes o no, van a parar de acuerdo a las elecciones que hicieron durante el transcurso de su vida. Por otro lado la Iglesia ha perdido en el último siglo tantos adeptos que temen por primera vez enfrentarse a una especie de anarquía religiosa. Es por eso que básicamente están interesados en hacer una demostración a la humanidad entera de la importancia de la fe.
− Sigo sin entender que tienen en común la física quántica con los intereses de la Iglesia.
− Es simple: ¿Qué le parece si le digo que podemos demostrar la existencia del Cielo?
− El cielo con San Pedro y las puertas y el paraíso y…
− Exactamente. Si la Iglesia demuestra que el paraíso existe, el comportamiento de miles de millones de personas cambiaría automáticamente.
− Eso lo entiendo, pero… ¿Y la física quántica que tecla toca?
− El paraíso no se encuentra en el cielo, ni el infierno en el centro de la Tierra, al menos no literalmente. Tenemos pruebas que nos indican que el paraíso se encuentra en una dimensión paralela la cual se nutre de la energía de este universo.
− ¿Y el infierno?
− El mismo caso. La ciencia ficción clásica consideró la existencia de universos paralelos, pero nunca que sus energías fueran interdependientes…
− ¿Interdependientes? −Maximiliano no puede evitar interrumpir al general− ¿Nosotros nos nutrimos del cielo y del infierno y viceversa?... Pero… Dijo que tenían pruebas del paraíso ¿Qué pruebas tienen? −Termina jadeando al decir todo de corrido.
− Son demasiadas preguntas y sinceramente no creo estar capacitado para responderlas al nivel que usted requiere. Pero ahora le presentaré a alguien que podrá responder todo lo que usted quiera.
El estudiante se da cuenta que están dentro de un ascensor, aunque estaba tan compenetrado en la charla que no sabe cuando llegaron ahí. Las puertas se abren y salen a un salón mucho más grande que el primero con decenas de puestos de trabajo.
Un hombre con una tableta digital se acerca a ellos.
− General −El saludo es cordial, sin embargo se percibe cierta tensión entre ambos.
− Doctor Vera, le presento al nuevo candidato: Maximiliano Pérez.
− Buenos días señor Pérez y bienvenido −Con un asentimiento de cabeza se despide del General− Nuestro trabajo como ya le habrán dicho es altamente clasificado.
− Si señor.
− Por favor, nosotros no estamos bajo la cadena de mando ni somos parte de la tropa del General López. Ellos son la fuerza bruta, nosotros los científicos.
− Si… señor −El Dr. Vera hace como que no lo escucha.
− Usted estudió licenciatura en Física −Mira a Maximiliano y este asiente afirmativamente− Luego hizo un postgrado en física cuántica donde trabajó estrechamente con el Dr. Ameri en las ecuaciones de Schrödinger.
− Si, el Dr. Ameri y yo creemos que la ecuación está incompleta. Estuvimos trabajando casi dos años en una constante que se adiciona al resto de la ecuación. Pero nunca pudimos conseguirla, las pruebas que lográbamos realizar tiraban por borda nuestros intentos. Finalmente el Dr. Ameri se retiró, mantuvimos contacto durante un tiempo via mail, pero hace cosa de cuatro meses que no tengo noticias de él.
− Lo sabemos, el Dr. Ameri estaba trabajando para nosotros.
− ¿Cómo? ¿Cuándo?
− Usó su jubilación para dejar el instituto, en realidad trabajaba para nosotros, aquí mismo −Una leve mueca de orgullo se formó en sus labios− Y puedo decirle que el Dr. Ameri logró completar la fórmula de Schrödinger…
Dejó que el joven asimile lo que acababa de decir. No pasó ni un segundo.
− ¡¿Cómo?!
− En su escritorio tiene el expediente completo, lo llevo
No caminaron mucho hasta llegar al inmaculado escritorio. Sobre él una carpeta roja los esperaba con un gran sello de “secreto” en letras negras. Maximiliano prácticamente se abalanza sobre la carpeta y comienza a pasar las hojas rápidamente.
− Hijo de puta, es una constante imaginaria. No se nos había ocurrido eso −Mira de reojo a su jefe− Perdón por la mala palabra, fue la emoción del momento.
− Es comprensible. Lo que queremos de usted es que continúe el trabajo del Dr. Ameri. Tendrá a su disposición los recursos que considere necesario y obviamente un grupo de trabajo calificado.
− ¿Continuar? ¿Qué pasó con el Dr. Ameri?
− Sinceramente no lo sabemos. Poco tiempo después de completar la fórmula y validarla teóricamente se decidió hacer la prueba empírica. Estaba efectuando una prueba en el acelerador de partículas y… algo salió mal
−… ¿Qué sucedió?...
− Sólo podemos especular, las cámaras de seguridad dejaron de funcionar y el Dr. Ameri estaba solo en el cuarto de control. Sabemos que entró y que jamás salió de la sala.
− ¿Cómo es eso posible?
− Esperamos que usted nos ayude a buscar esa respuesta.
Se da media vuelta y lo deja sólo frente a su escritorio.
Por el momento no tiene título, veremos como sigue.
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“Maximiliano”
Cuando las puertas se abrieron lo último que Maximiliano se esperaba encontrar era lo que efectivamente tenía delante: un enorme cuarto lleno de gente con computadoras.
− ¡Wow! −Si lo que dijo no era suficiente para expresar lo que pensaba, sus ojos decían muchas más cosas.
− Así es doctor, nuestros fondos son superiores de lo que la mayoría supone.
− Si, realmente esperaba encontrarme con un cuartito perdido en algún sótano, y dos o tres geeks con anteojos.
Al decir esto automáticamente se acomoda los lentes sobre la nariz. El General López ríe para sus adentros al notarlo.
− Bueno, antes que nada iremos a ver a la máxima autoridad aquí abajo.
La sala a la que habían entrado era sólo una de una serie de salas que se extendían en una red subterránea. Por encima de ellas una construcción por la cual pasan diariamente millones de ciudadanos: un enorme tanque gris que antiguamente servía como depósito de gas que está entre las Avenidas General Paz y Avenida Constituyentes.
A su lado, la fachada perfecta: El centro atómico Constituyentes.
Maximiliano Pérez había sido seleccionado directamente del Instituto Balseiro por sus calificaciones y su perfil psicológico.
Después de recorrer varios pisos llegaron a una gran puerta de roble trabajada exquisitamente con unos detalles que lograban conmover al corazón más duro.
− Su Señoría, el nuevo investigador ha llegado −El General López dice estas palabras con una solemnidad que asombra a su acompañante.
Maximiliano tarda en salir del estupor del general para encontrarse efectivamente a un hombre de pelo cano con sotana delante de un gran escritorio trabajado de una manera que hacía quedar a la puerta de entrada como un objeto de segunda clase.
− Bienvenido señor… Pérez ¿No es verdad? −El Arzobispo lee de una hoja sin mirarlo a los ojos.
−Efectivamente su… Señoría.
El hombre de pelo cano y ojos cansados levanta la mirada hacia aquel mocoso imprudente.
− ¿Es usted católico, joven?
Tras pensar algunos segundos en las posibles consecuencias de su respuesta, finalmente decide por responder con la verdad y que sea lo que sea − “No, su Señoría”
− ¿Y significa un problema para usted trabajar para una institución religiosa?
− Para nada su Señoría.
− Mientras piense así, no creo que tengamos problemas. Si bien la Iglesia está interesada en esta investigación, nuestros fines justifican los medios. Aunque esos medios no siempre tengan una ideología paralela a la nuestra, son sólo medios, herramientas para un fin que nos beneficie.
− Mientras que después no hagan una inquisición con aquellos que ayudaron… −La mirada del Arzobispo se tiñó de furia y en ese momento Maximiliano cayó en la cuenta que lo que dijo no era tan gracioso como le había sonado en su mente− Le pido disculpas por lo que he dicho, no fue mi intención ofenderlo.
− Jovencito, no espero mucha fe de parte de los de su clase, pero al menos espero que traten con respecto a una institución que lleva más de dos mil años buscando la forma de salvar las almas de los hombres.
− Nuevamente le pido disculpas su Señoría.
El Arzobispo se da vuelta en mitad de la frase y apenas termina responde con un “Gracias, eso es todo”. El General López retira al estudiante del recinto y lo lleva a lo que será su lugar de trabajo.
− ¿Qué es exactamente lo que se estudia acá?
− Básicamente física quántica, contamos incluso con un acelerador de partículas modesto.
− ¿Y que tiene que ver la Iglesia en todo esto?
−Tienen sus intereses −Ante la mirada de Maximiliano el General decide no jugar más con él− Como usted sabe, la Biblia afirma que hay un cielo y un infierno donde las almas de todos los hombres, creyentes o no, van a parar de acuerdo a las elecciones que hicieron durante el transcurso de su vida. Por otro lado la Iglesia ha perdido en el último siglo tantos adeptos que temen por primera vez enfrentarse a una especie de anarquía religiosa. Es por eso que básicamente están interesados en hacer una demostración a la humanidad entera de la importancia de la fe.
− Sigo sin entender que tienen en común la física quántica con los intereses de la Iglesia.
− Es simple: ¿Qué le parece si le digo que podemos demostrar la existencia del Cielo?
− El cielo con San Pedro y las puertas y el paraíso y…
− Exactamente. Si la Iglesia demuestra que el paraíso existe, el comportamiento de miles de millones de personas cambiaría automáticamente.
− Eso lo entiendo, pero… ¿Y la física quántica que tecla toca?
− El paraíso no se encuentra en el cielo, ni el infierno en el centro de la Tierra, al menos no literalmente. Tenemos pruebas que nos indican que el paraíso se encuentra en una dimensión paralela la cual se nutre de la energía de este universo.
− ¿Y el infierno?
− El mismo caso. La ciencia ficción clásica consideró la existencia de universos paralelos, pero nunca que sus energías fueran interdependientes…
− ¿Interdependientes? −Maximiliano no puede evitar interrumpir al general− ¿Nosotros nos nutrimos del cielo y del infierno y viceversa?... Pero… Dijo que tenían pruebas del paraíso ¿Qué pruebas tienen? −Termina jadeando al decir todo de corrido.
− Son demasiadas preguntas y sinceramente no creo estar capacitado para responderlas al nivel que usted requiere. Pero ahora le presentaré a alguien que podrá responder todo lo que usted quiera.
El estudiante se da cuenta que están dentro de un ascensor, aunque estaba tan compenetrado en la charla que no sabe cuando llegaron ahí. Las puertas se abren y salen a un salón mucho más grande que el primero con decenas de puestos de trabajo.
Un hombre con una tableta digital se acerca a ellos.
− General −El saludo es cordial, sin embargo se percibe cierta tensión entre ambos.
− Doctor Vera, le presento al nuevo candidato: Maximiliano Pérez.
− Buenos días señor Pérez y bienvenido −Con un asentimiento de cabeza se despide del General− Nuestro trabajo como ya le habrán dicho es altamente clasificado.
− Si señor.
− Por favor, nosotros no estamos bajo la cadena de mando ni somos parte de la tropa del General López. Ellos son la fuerza bruta, nosotros los científicos.
− Si… señor −El Dr. Vera hace como que no lo escucha.
− Usted estudió licenciatura en Física −Mira a Maximiliano y este asiente afirmativamente− Luego hizo un postgrado en física cuántica donde trabajó estrechamente con el Dr. Ameri en las ecuaciones de Schrödinger.
− Si, el Dr. Ameri y yo creemos que la ecuación está incompleta. Estuvimos trabajando casi dos años en una constante que se adiciona al resto de la ecuación. Pero nunca pudimos conseguirla, las pruebas que lográbamos realizar tiraban por borda nuestros intentos. Finalmente el Dr. Ameri se retiró, mantuvimos contacto durante un tiempo via mail, pero hace cosa de cuatro meses que no tengo noticias de él.
− Lo sabemos, el Dr. Ameri estaba trabajando para nosotros.
− ¿Cómo? ¿Cuándo?
− Usó su jubilación para dejar el instituto, en realidad trabajaba para nosotros, aquí mismo −Una leve mueca de orgullo se formó en sus labios− Y puedo decirle que el Dr. Ameri logró completar la fórmula de Schrödinger…
Dejó que el joven asimile lo que acababa de decir. No pasó ni un segundo.
− ¡¿Cómo?!
− En su escritorio tiene el expediente completo, lo llevo
No caminaron mucho hasta llegar al inmaculado escritorio. Sobre él una carpeta roja los esperaba con un gran sello de “secreto” en letras negras. Maximiliano prácticamente se abalanza sobre la carpeta y comienza a pasar las hojas rápidamente.
− Hijo de puta, es una constante imaginaria. No se nos había ocurrido eso −Mira de reojo a su jefe− Perdón por la mala palabra, fue la emoción del momento.
− Es comprensible. Lo que queremos de usted es que continúe el trabajo del Dr. Ameri. Tendrá a su disposición los recursos que considere necesario y obviamente un grupo de trabajo calificado.
− ¿Continuar? ¿Qué pasó con el Dr. Ameri?
− Sinceramente no lo sabemos. Poco tiempo después de completar la fórmula y validarla teóricamente se decidió hacer la prueba empírica. Estaba efectuando una prueba en el acelerador de partículas y… algo salió mal
−… ¿Qué sucedió?...
− Sólo podemos especular, las cámaras de seguridad dejaron de funcionar y el Dr. Ameri estaba solo en el cuarto de control. Sabemos que entró y que jamás salió de la sala.
− ¿Cómo es eso posible?
− Esperamos que usted nos ayude a buscar esa respuesta.
Se da media vuelta y lo deja sólo frente a su escritorio.
martes 24 de mayo de 2011
Recuerdos (Capítulo 5 de 5)
1 – Int. Cuarto. Noche.
ANA ENTRA AL CUARTO CORRIENDO, ABRE UN CAJÓN BUSCANDO UN FRASCO DE PASTILLAS.
ANA
No otra vez.
No otra vez.
ESTA A PUNTO DE TOMAR UNA PASTILLA CUANDO NOTA LA PUERTA DEL PLACARD ABIERTA SIN EL CADÁVER DE CARLA.
SE ACERCA LENTAMENTE AL PLACARD, TEMIENDO QUE ALGO NUEVO PUEDA ASUSTARLA. ABRE LA OTRA PUERTA DEL PLACARD. TODO ESTÁ EN SU LUGAR.
SE ARRODILLA TOMÁNDOSE DEL CABELLO, CASI LLORANDO.
ANA
¿Que está pasando?
¿Que está pasando?
LA TELEVISIÓN QUE HAY EN EL CUARTO SE PRENDE, MOSTRANDO ESTÁTICA. LOS CANALES COMIENZAN A CAMBIAR HASTA QUE SE DETIENE EN UN NOTICIERO.
HAY UN PERIODISTA DETRÁS DE UN ESCRITORIO.
PERIODISTA
…Violento asesinato ocurrido hace tres meses.
La víctima, identificada como Carla Gutiérrez,
de 23 años.
APARECE UNA FOTO DE CARLA SONRIENDO.
PERIODISTA
Había sido encontrada en el departamento
de Ana Coronel, responsable de este barbárico acto
y amiga íntima de la occisa.
APARECE UNA FOTO DE ANA EN UN RECUADRO.
PERIODISTA
El fallo del juzgado, en base a resultados
Médicos, es que Ana Coronel sufre un grave
trastorno esquizofrénico del tipo paranoide.
Estos síntomas incluyen sentimientos de
persecución, delirios y alucinaciones.
Coronel será internada en una unidad
psiquiátrica inmediatamente…
SE ESCUCHA EL RUIDO DE UN PARLANTE AL ENCENDERSE.
CARLA (Voz del parlante)
...Todos los pacientes deben formar una
fila para recibir su medicamento.
ANA MIRA EN TODAS DIRECCIONES INTENTANDO ADIVINAR DE DONDE PROVIENE ESA VOZ.
CARLA (Voz del parlante)
...Último aviso: Todos los pacientes deben formar
una fila para recibir su medicamento.
FIN
sábado 14 de mayo de 2011
Recuerdos (Capítulo 4 de 5)
1 – Int. Cuarto. Noche.
ANA ENTRA LENTAMENTE AL CUARTO CON UN ENCENDEDOR EN LA MANO, DANDO PASOS PEQUEÑOS. DESDE ADENTRO DEL CUARTO SE ESCUCHA UNA PUERTA RECHINAR, COMO SI SE ESTUVIERA ABRIENDO O CERRANDO MUY LENTAMENTE.
ANA
…¿Carla?...
SILENCIO.
ACCIONA EL INTERRUPTOR DE LA LUZ, PERO NO SE PRENDE.
ANA
...¿Carla, donde estás?...
ANA INTENTA VER CON LA PEQUEÑA LUZ PROVENIENTE DEL ENCENDEDOR, NO ENCUENTRA NADA EXTRAÑO O FUERA DE LUGAR.
SE QUEDA PETRIFICADA AL ESCUCHAR UN RASGUÑO PROVENIENTE DEL INTERIOR DEL PLACARD ACOMPAÑADO POR UN TENUE GEMIDO.
GEMIDO (Desde el interior del placard)
Gggrhhhhhhhh
ANA SE QUEDA MIRANDO FIJO LA PUERTA DEL PLACARD. MUERTA DE MIEDO ESTIRA LA MANO Y GIRA EL PICAPORTE. ABRE LA PUERTA QUE RECHINA AL MOVERSE.
DEL INTERIOR DEL PLACARD CAE EL CADÁVER INERTE DE CARLA, ANA ABRE MÁS SUS OJOS Y GRITA DEJANDO CAER EL ENCENDEDOR.
ANA
¡¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHH!!!
TODAS LAS LUCES DE LA CASA SE PRENDEN.
ANA DEL SUSTO DEJA DE GRITAR INSTANTÁNEAMENTE. MIRA EL CUERPO DE SU AMIGA EN EL PISO.
SALE CORRIENDO DEL CUARTO HACIA EL LIVING.
2 – Int. Sala. Noche.
ANA ENTRA CORRIENDO EN EL LIVING. TOMA EL TELÉFONO Y VA A MARCAR UN NUMERO CUANDO NOTA QUE SUS MANOS ESTÁN MANCHADAS CON SANGRE.
DEJA CAER EL TELÉFONO.
ANA
¿Que está pasando?
¿Que está pasando?
ASUSTADA SE LIMPIA LAS MANOS CON LOS PAPELES QUE HAY EN LA MESA. SE DIRIGE A LA PUERTA DE CALLE.
CUANDO LA ABRE ENCUENTRA QUE AFUERA LA ESPERA RUBÉN, CON SU CAMISA DE FUERZA, Y LA ESTÁ MIRANDO.
ANA GRITA Y CIERRA LA PUERTA DE UN FUERTE PORTAZO. CORRE HACIA EL CUARTO.
3 – Int. Cuarto. Noche.
ANA ENTRA AL CUARTO CORRIENDO, ABRE UN CAJÓN BUSCANDO UN FRASCO DE PASTILLAS.
ANA
No otra vez.
No otra vez.
ESTA A PUNTO DE TOMAR UNA PASTILLA CUANDO NOTA LA PUERTA DEL PLACARD ABIERTA SIN EL CADÁVER DE CARLA.
FIN CAPÍTULO IV
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